¿Cómo acabar con la pobreza extrema?

El primer Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 (ONU, 2015) es el fin de la pobreza. La pobreza es un problema complejo y multidimensional que va mucho más allá de la ausencia de recursos económicos. Como decía Amartya Sen, la pobreza es una privación de capacidades, es exclusión social, es falta de atención sanitaria, ausencia de educación o vivienda digna. El Banco Mundial establece un sistema de medida de pobreza extrema basado en las ‘líneas de pobreza’, que permiten calcular el número de personas que vive con menos de 1,9$ al día. La buena noticia es que en los últimos años la proporción de la población mundial por debajo del umbral de pobreza ha disminuido considerablemente tal y como se observa en la figura (globalización y avances tecnológicos son los principales impulsores de esta tendencia).

Sin embargo, siguen siendo muchas personas las que viven en estas circunstancias, un 9,1% de la población mundial en 2017 (Banco Mundial). ¿Os imaginais las duras decisiones que hay que tomar cuando solo dispones de 1,9$ al día para satisfacer todas tus necesidades?. El concepto de renuncia y coste de oportunidad toma un sentido trágico en estas circunstancias, tal y como explican los Nobel de Economía Banerjee y Duflo en ‘Repensar la Pobreza’ (os recomiendo el Ted Talk de Esther Duflo sobre sus experimentos de campo en la lucha contra la pobreza).   Entonces, ¿qué podemos hacer para mitigar la pobreza y así avanzar en el ODS 1?.

Existen varias alternativas: en primer lugar, las posturas más tradicionales que promueven las donaciones. En este caso, en su mayoría se tratan las causas pero no los síntomas, y por tanto se corre el peligro de perpetuar la pobreza durante generaciones: son las trampas de pobreza. En segundo lugar, las teorías ‘Big Push’ de W. Easterly y de J. Sachs, que defienden el papel de una pequeña ayuda internacional en impulsar la inversión, en forma de inversión extranjera directa, y por tanto el empleo y el crecimiento económico. Finalmente, y más allá de la inversión en capital humano (sanidad y educación), existen otros instrumentos financieros que pueden ayudar a conseguir el ODS 1 y romper las peligrosas trampas de pobreza. En el capítulo ‘Relief Funding for poverty alleviation’ de la Enciclopedia de los SDG (Springer, 2020) hago un repaso de todos ellos. Un instrumento muy relevante en la lucha contra la pobreza es la inclusión financiera, que consiste en facilitar el acceso a los servicios financieros más básicos. Las personas con acceso a una cuenta corriente ahorran más, tienen una mayor seguridad frente a robos e imprevistos, y la posibilidad de acceso a otros servicios financieros. Nuestras gafas de mundo desarrollado no nos permiten imaginar que hoy en día más de un tercio de la población mundial adulta (mayores de 15 años) no está bancarizada (Findex-Banco Mundial). Las oportunidades de desarrollo asociadas a la inclusión financiera, especialmente con el uso de la tecnología y las fintech (como el caso de éxito de M-Pesa en Kenia), ofrecen una gran esperanza para, de una vez por todas, erradicar la pobreza.